Los textos en este blog tratan sobre un ¨viaje¨ muy importante de mi vida, el traslado desde los Balcanes, específicamente de Serbia, a España. Sin embargo, dado que la mayoría de los viajes implica tanto ida como vuelta - aunque todavía no sé si el mío será uno de esos - decidí escribir mis experiencias y recuerdos con la intención de, ni por accidente ni con propósito, no olvidarme de dónde provengo y dónde, si aparece el momento adecuado en un futuro, debería regresar.

Oponiéndose a la culpa y al pueblo de los pitufos

Oponiéndose a la culpa y al pueblo de los pitufos

      No se considera como una novedad el hecho de que la primera proyección de la película The Smurfs fuera el 25 de junio ​​de este año - el Día Mundial de los pitufos - ni que el rodaje se llevara a cabo en el municipio de Júzcar (Andalucía, España), pintado de azul. Los ciudadanos de Serbia y de los países vecinales pudieron leerlo hace unos meses en las páginas web de diferentes revistas, normalmente dentro de la sección Curiosidades. No obstante, nueva e incluso más interesante es la información, recientemente publicada en los medios de comunicación españoles, que los residentes del municipio se niegan a que las paredes vuelvan a su color original porque, como aseguran, el pueblo de los pitufos, en comparación con el Júzcar “corriente”, atrae a más gente. Por el contrario, me parece que ningún periodista planteó la pregunta de si, en un estado visitado el año pasado por 52 millones de turistas y cuyo territorio da a dos mares (el Mediterráneo y el Cantábrico), así como al Océano Atlántico, es necesario que exista el pueblo de los pitufos con el objetivo de alcanzar un mayor número de visitantes.
     Sin embargo, cuando se trata de mi país, Serbia, con un descenso de 2 millones de visitantes en 2010, la mencionada pregunta tampoco se formula. Bajo mi punto de vista, la población serbia se cuestiona “quién tiene la culpa de los pocos turistas” y se responde que “la tenemos nosotros mismos”. A diferencia de ella, yo no me ocupo de determinar la culpabilidad, sino más bien la forma. ¿Cómo animar a los extranjeros para que vengan a Serbia?
     Y mientras yo estaba reflexionando sobre posibles maneras, la solución apareció de repente. De hecho, hace poco los músicos de la Filarmónica de Belgrado se presentaron en la calle Strahinjića Bana, conocida popularmente como Valle de la Silicona serbia y, oponiéndose a los valores que esta calle representa, dieron irónicamente las gracias a las personas cómodamente sentadas en los jardines de numerosos bares por no asistir a sus conciertos. Entonces se me ocurrió - ya que la tendencia del país, aunque extraoficialmente aceptada, es oponerse a todo - que no sería una mala idea seguir el ejemplo de los artistas, viajar a la Unión Europea y agradecer a todos aquellos que no planeen visitar Serbia. Además, me di cuenta de la destinación a la cual recurrir.
     En relación con eso, un amigo mío de San Sebastián (País Vasco), me dirigió la siguiente pregunta: “¿De qué modo conseguirías acomodar cien vascos en un pequeño ascensor?” Unos minutos después, viendo que no hallaba la respuesta correcta, me ayudó contándome que es necesario simplemente decirles que no caben en el interior del ascensor. Fijándome que los vascos también se oponen a todo, mi plan consistiría en, primero, dar las gracias por no acudir a Serbia (si de verdad no vienen) y, a continuación, aconsejarles que ni siquiera es recomendable realizarlo. Porque, si es cierto lo que menciona este colega mío, inmediatamente acudirán al aeropuerto más cercano, entrarán al avión y partirán hacia Belgrado. Por otra parte, respecto a nosotros, los serbios, poco a poco tendríamos que empezar a agradecer a los ciudadanos del resto de España esperando que ellos se comporten como los vascos.
     Y cuando finalmente se presenten a Serbia visitantes de toda España, no sólo del País Vasco, supongo que al estar en contacto con ellos adoptaríamos un poco de su espíritu innovador; en consecuencia, en un futuro previsible, oponiéndose a la creciente fama del pueblo de los pitufos, un pueblo de Voivodina, por ejemplo, podría conseguir estar pintado de rosa y  dedicado a la pantera rosa (pese a que sus películas ya existen). En favor de dicha idea, para empezar, se encuentra un factor. De hecho, no hay duda de que contaríamos con el apoyo de la televisión del mismo color, Pink, una de las más exitosas en Serbia. Por lo tanto, la aplicación de los planes turísticos españoles me parece una cosa muy útil ya que han demostrado una satisfactoria proporción entre la llegada de extranjeros y una buena imagen. Sin ella, nuestro país seguirá siendo poco visitado y eternamente culpable.
     Por esta misma razón, ahora me opongo yo al cantante serbio Đorđe Balašević – que en una de las canciones suyas repite las palabras “viaja, Europa, no nos esperes más” – y digo: “No viajes, Europa, sobretodo no a Serbia”. Nosotros vendremos a tus ciudades, empezando por las españolas, hasta que para la gente de Serbia una vez más no comiences a exigirnos visados.
     O, mejor aún, ¿por qué no viajamos juntos?
     ¿Cómo habría que motivar a los extranjeros para que visiten Serbia? ¿Qué sugieres?

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