Los textos en este blog tratan sobre un ¨viaje¨ muy importante de mi vida, el traslado desde los Balcanes, específicamente de Serbia, a España. Sin embargo, dado que la mayoría de los viajes implica tanto ida como vuelta - aunque todavía no sé si el mío será uno de esos - decidí escribir mis experiencias y recuerdos con la intención de, ni por accidente ni con propósito, no olvidarme de dónde provengo y dónde, si aparece el momento adecuado en un futuro, debería regresar.

Al final de un túnel oscuro: De lámparas a una nueva vida

Al final de un túnel oscuro: De lámparas a una nueva vida

     Hace poco, gracias a cierto satélite y una pequeña antena parabólica en España disfruto de varios canales televisivos de Serbia, miraba el programa político La impresión de la semana (Utisak nedelje) emitido los domingos por la noche. Teniendo en cuenta que se aproximan las elecciones parlamentarias, presidenciales y municipales, y que la esencia de este programa consiste en, después de la sección de preguntas y respuestas entre la periodista y sus invitados, la elección de la impresión más fuerte en el ámbito de la política y la sociedad, suponía que las imágenes etiquetadas como impresiones de esa semana debían ser sorprendentes. Sin embargo, en comparación con todos ellos, una cosa totalmente diferente me pareció mucho más sorprendente. Se trataba del título de la última impresión ofrecida: Las lámparas al final de un túnel.
     En concreto, los actores de la misma impresión fueron determinados candidatos para el puesto de presidente de Serbia que, era bastante obvio, no tenían ninguna posibilidad de conseguirlo. Por lo tanto, a estas pocas personas la gente que habla y comprende inglés los nombraría como los outsiders. En otras palabras, si he interpretado correctamente el mencionado título, ellos representaban la parte innecesaria de las elecciones, una especie de simbólicas lámparas "iluminando" el final de un túnel aunque allí, de acuerdo con la opinión generalmente aceptada, el brillo proviene de una fuente distinta (la salida). No obstante, a pesar de los candidatos, de las elecciones en sí y de la situación política en Serbia, mi única impresión real se relacionaba con la incapacidad de encontrar empleo en Barcelona, la ciudad en la cual resido.
     Pese a que este sentimiento fue y sigue siendo solamente mío, existe una cosa que no me pertenece a mí, sino a la humanidad entera negando los distintos tipos de afiliaciones que alejan las personas unas de otras. En breve, ya que claramente lleva a la redención o la salvación, yo diría que todos sin falta necesitamos captar la luz mientras rápidamente o lentamente caminamos a través de aquella parte de la vida que podríamos llamar un túnel oscuro. En relación con esta luz, por ejemplo, numerosas religiones nos prometen que la veamos como seguidores obedientes de las enseñanzas de la iglesia en el momento de la muerte. Bien que, esperar la muerte del cuerpo para presenciar la supuesta luz divina me asemeja completamente inútil si he llegado hasta el final de mis fuerzas en términos de un problema muy específico, la búsqueda de un trabajo.
     Según lo dicho - aunque no consta de puntos de vista fáciles para comparar - mucho más sentido para mí tiene el hecho de que la oscuridad más densa viene antes del amanecer y que el miedo más fuerte en el sueño se siente justo antes del despertar. Pero yo todavía no me atrevo a creer ciegamente en éste y otros conceptos similares, tampoco en las lecciones de cualquier cura ni en sus dioses mutuamente excluyentes. Por otro lado, con toda mi corazón creo en el que pronto aparecerá frente a la gente y a mi inevitablemente me traerá la salvación. En realidad él ya se anuncia con una tímida luz al final de mi propio túnel oscuro y provoca que esté consciente de mi impresión - causada por la falta de trabajo - como de una lámpara innecesaria que, desesperadamente agitando las manos, tratara de tocar y ascender su bombilla. Ahora también soy consciente de que la luz no proviene siempre desde fuera y arriba, sino a menudo surge dentro de nosotros mismos. Así es al menos en mi caso, porque... Al principio de este mes me enteré que me había quedado embarazada.
     ¿Qué significa para ti la expresión ¨las lámparas al final de un túnel¨?

El blues del agua turbia


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“Yo canto mi blues sin intenciones importantes
ya que los peces más grandes para mí son insignificantes.
Yo desde fuera solo contemplo ese mundo…”



     Cuando era una niña, mis padres, entre otras cosas, me enseñaron a nadar. En cuanto a mí, como una estudiante diligente, me esforzaba en aprender rápidamente todo lo que ellos me mostraban. Por lo tanto, las dos últimas décadas, a partir de mi quinto año, yo estaba convencida de que dominaría la lección de la natación. No obstante, al cumplir veinticinco, de repente me encontré en medio de un agua totalmente desconocido para mí, el agua en el que, por desgracia, me parece que no sé como nadar.
     De hecho, mudándome a Barcelona durante la crisis económica y sus consecuencias cada vez más visibles, yo desde fuera - lo cual supongo que es lógico porque en la misma ciudad yo representaba y todavía represento a una extranjera - empecé a contemplar un mundo en particular. El mundo del agua turbia. O de contratar un empleado, si lo preferís así.
     Por cierto, yo nací y me crié cerca del río Danubio y la verdad es que se trata de un río muy contaminado y turbio en el cual numerosas personas ni siquiera se atreven a entrar y mucho menos a nadar. Sin embargo, quizás debido a que siempre había pensado sobre él como el bello Danubio azul, desde que me alejé de sus orillas - preservados para la eternidad con el famoso vals compuesta por Johann Strauss II - en dirección al sudoeste de Europa, intuía que poco a poco me iba a hundir. Y en relación con este posible hundimiento, en el título de mi texto salió el tipo de música que a menudo se considera triste, el blues. Pero en realidad, me pasó lo siguiente.
     Después de casi un año intentando sin éxito conseguir un trabajo tanto en el ámbito periodístico como en otros similares a éste, dos personas se pusieron en contacto conmigo a través de correo electrónico. La primera, un señor mayor, me ofreció la elaboración de una serie de interesantes preguntas y respuestas en la revista que pretendía fundar. Teniendo en cuenta que no se refería a cierto género periodístico - información, reportaje, crónica y artículo o comentario - y que no me proporcionaba nada más que un salario bajo, en mi respuesta yo quería saber si por lo menos existía la posibilidad de firmar un contrato de cooperación freelance, cosa que me garantizaría cierta cantidad de dinero y determinaría el numero y la longitud de mis textos. Si bien, hasta la fecha de hoy el señor no ha respondido a mi pregunta ni me ha contactado de ninguna forma, evitando así cualquier tipo de colaboración.
El blues del agua turbia
     Una vez pasada esa experiencia, comencé a trabajar de colaboradora en el departamento de comunicación dentro de un bufete de abogados. En este puesto mi primera obligación era dedicar un periodo de tiempo a "aprender el trabajo" (sin pago) y al final del tiempo se preveía firmar el acuerdo de cooperación. No obstante, justo al terminarse el mencionado periodo, el director de la empresa - un hombre relativamente joven que presumía de unas corbatas caras alrededor de su cuello y que podría ser descrito como “un pez gordo” en su trabajo - me invitó a su despacho para informarme que, aunque estaba satisfecho con mi dedicación y energía, el previo acuerdo disponía como duración de aprendizaje tres veces más de lo pactado. Naturalmente, únicamente al expirar ese nuevo tiempo él "concluiría mi caso" así como determinaría mi estatus laboral.
     En consecuencia, impulsada por esas dos decepciones, decidí, cuando mis paisanos del pueblo al lado del Danubio la próxima vez me pregunten qué hago en Barcelona si no alcancé un trabajo remunerado, contestar que realmente estoy aprendiendo a pronunciar primero el contrato y luego todo lo demás y simbólicamente de nuevo a nadar. Y si ellos entienden esta manera de nadar en sentido literal, no importa nada. En otras palabras, las condiciones para las personas que tengan la intención de aprender a nadar son del todo favorables: el verano se está acercando, el mar se está calentando, mientras la entrada a la mayoría de las playas barcelonesas, afortunadamente para nosotros los desempleados, sigue siendo gratuita.
     ¿Con qué dificultades te enfrentaste tú tratando de encontrar un trabajo?

Cuando crezca voy a ser Shane


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El video del grupo musical Haustor del año 1985 hecho para la canción Que soy Shane



     “Toda mi vida yo sueño que me voy por el río, en un antiguo barco de vapor conducido por el soul, y que ​​me acuerdo de un amor antiguo pero nunca olvidado, que disfruto de un cigarro largo y delgado y de un par de espuelas de oro. Que soy Shane...” Y no soy la única que sueña y canta esto. En dicha canción se reconocen, diría yo, numerosas personas que viven en Serbia y en general en el territorio de la ex Yugoslavia, la mayoría de los cuales, similar a mi, probablemente no eran conscientes de que soñaban a sí mismos siendo Shane hasta que, con el álbum Bolero del grupo Haustor, no lo cantó por primera vez el músico croata Darko Rundek en 1985. Un año antes de que yo naciera.
Cuando crezca voy a ser Shane
     Después de ese año - el año del significativo éxito de la canción Que soy Shane, no el de mi nacimiento - es posible, de acuerdo con la opinión general, considerar que el resto es historia. Sin embargo, a mi me parece que pasado 1985 en vez de la historia comenzó la duración de la canción, y junto a ella la del mencionado sueño.
     Para aquellos que no la escucharon, se trata de una canción inspirada, como lo leí en una ocasión, por un personaje romántico conocido porque al final de la película de idéntico nombre, montando un caballo y herido de muerte, se dirigió hacia la puesta de sol al derrotar a sus enemigos y al perder la batalla contra sí mismo. No obstante, a parte de la canción, creo que se debe explicar el vídeo que la acompaña ya que me parece que explica bien las personas nombradas en el principio del texto. El video fue rodado en 1985 en uno de los pueblos de la moribunda Yugoslavia comunista. Además, el protagonista es un trabajador que conduce un vehículo por las calles de su descuidado pueblo y se encarga de un duro trabajo físico. Desde mi punto de vista, el hombre que soñaba y todavía sueña ser como Shane. Uno de nosotros.
     Años más tarde, otros artistas, de maneras semejantes a la de Rundek, intentaron mostrar nuestros sueños, situación en la cual se originó la muy famosa y exitosa película serbia del año 2004, Cuando crezca voy a ser Canguro. En ella se habla de un chico llamado Canguro que proviene de un barrio pobre de la capital serbia, Belgrado, y se va a jugar al fútbol en un club inglés donde se hace rico y se convierte en un modelo a seguir para sus amigos y vecinos. Bien que, en comparación con todos aquellos que fantasean con importantes logros futbolísticos, ​​yo personalmente conozco mucha más gente que, cumpliendo con sus trabajos mal pagados y habitando en las circunstancias sin ningún lucro, disfruta una y otra vez de la canción de Rundek y, tan pronto como entra a cualquier barco viejo, navega por uno de los ríos de Serbia, colgando luego sus fotos en Facebook bajo del titulo Que soy Shane.
     Por otra parte, en contraste con la canción Shane, Darko Rundek no continuó viviendo, es decir “durando” a pesar de todo en la ex Yugoslavia, sino con su colapso hace dos décadas se trasladó a Francia, donde reside hoy en día. Sin embargo, no se debe pasar por alto que él produce en Francia sus nuevas canciones, una de las cuales, del año 2010, recibió muy buenas críticas y se ha hecho bastante popular en la región entera; su título es Soñaste que eras feliz.
     Por último, con respecto a ambas canciones, mi impresión es que en fondo las dos se refieren a un sueño exacto sobre la felicidad, solo en tiempos distintos (es indicativo que la antigua se canta en el presente y la reciente en el pasado). Y al final, espero únicamente que todos nosotros cuyo presente como si fuera sustituido por el pasado - a diferencia de Rundek, casi treinta años después de grabar su vídeo, muchos habitantes de los países de la antigua Yugoslavia aún residen en condiciones similares a antes, si no en peores - o, mejor dicho, todos nosotros que imaginamos que la salida feliz de la dura realidad tiene la cara del vaquero melancólico, no perdamos la batalla contra nosotros mismos como lo hizo Shane. 

     Y tú, ¿alguna vez te has identificado con los personajes románticos del mundo del cine?

El esloveno de la Península Ibérica vs la vasca de los Balcanes


El esloveno de la Península Ibérica vs la vasca de los Balcanes

     Recientemente me pasó una cosa inusual. En concreto, me llamó un señor belga, pero con residencia en el norte de la provincia española de Aragón, y me ofreció una colaboración. Se trataba del dueño de una casa rural en el Pirineo Aragonés que necesitaba un periodista, o mejor dicho, un Community Manager para hacerse cargo de la parte de su negocio referente a la comunicación en las redes sociales con el fin de atraer más visitantes. Sin embargo, antes del comienzo de la cooperación el señor quiso conocerme personalmente, invitando a mi marido Sergi y a mí como sus queridos huéspedes, así que ese mismo fin de semana preparamos las maletas, nos sentamos en el coche y nos dirigimos hacia la montaña.
     La bienvenida fue muy agradable y a partir del primer momento los cuatro - el señor, su esposa, Sergi y yo - obtuvimos una agradable charla sobre la vida en España y la cultura del país. No obstante, de repente el belga empezó a comentar, desde mi punto de vista, un tema incómodo: el uso del catalán y del vasco en la casa rural. De hecho, sin prestar atención a la presencia de dos miembros del pueblo catalán - su esposa y Sergi - apasionadamente hablaba de que en su propiedad había prohibido la utilización de esos idiomas ya que la mayoría de la población en España no los entiende. En resumen, la opinión del señor acerca de los catalanes y los vascos en general me parecía bastante mala.
     En cuanto a mí, pese a que normalmente no me preocupo del problema de los diferentes idiomas o pueblos de este país, no podía creer lo que escuchaba. En otras palabras, respeto la opinión de otras personas, sean las que sean, aunque procuro no sorprenderme con ninguna tanto para que me deje sin decir palabra alguna. Bien que, eso es exactamente lo que me ocurrió a mí, me quedé sin palabras. Y no por el señor, sino debido a una postura muy tranquila de la esposa y de Sergi. Aparentaba que esas duras palabras en absoluto les molestaron.
     A continuación, ya que no me atreví a decir nada a la mujer, la misma noche, tan pronto como entramos en la habitación, me quejé a Sergi con la pregunta: “¿Por qué diablos no defiendes tu lengua y tu gente?” Sin embargo, él respondió: “Para qué discutir con un hombre que vive al lado de Cataluña y muchos de sus clientes deben ser mayormente catalanes. Y si él sigue con este tipo de pensamiento, lo cierto es que perderá todos los visitantes de allí. Además, está claro que no tiene suficientes, por eso necesita contratarte a ti”. Y de verdad, nosotros dos, determinados de no volver jamás, ese fin de semana éramos los únicos huéspedes en la casa del belga.
     Para mí, no obstante, dicho argumento no fue lo suficientemente convincente. Así que, cuando el belga, desayunando con nosotros tres al día siguiente, una vez más repitió su visión de los catalanes y los vascos, protesté: “No sé cómo usted puede decir esas cosas en presencia de dos catalanes. Si hubiera comentado algo malo acerca de los serbios en frente mío, inmediatamente me saldría de su casa y nunca más le desearía ni un buen día”. Por otro lado, el belga, como si no acabara de entender la esencia de mi rebelión, me contestó: “¿Hablar mal de los serbios? ¿Y a mí qué me importáis? Vosotros tuvisteis vuestra guerra y punto”.
     Finalmente, era así. La conversación terminó con la palabra “punto”, mientras la cooperación ni había empezado (no sólo a causa de dicha diferencia de comportamiento, sino por muchas otras del carácter puramente comercial). Además, existía algo que no terminó. Se trataba de la oposición mutua entre los puntos de vista de Sergi y el mío, quizás mejor ilustrada a través de sus palabras durante nuestro regreso a Barcelona: “Bueno, te quejaste de que yo no protejo a mi pueblo. ¡Pero tu defiendes el tuyo todo y no ser atacado!”
     En relación con este comentario, me dirigí a una buena amiga mía, una serbia que también vive en Barcelona, ​​a pesar de que su marido Marco es vasco. De hecho, contándole todo lo que había sucedido, la amiga fue sincera: “Has reaccionado con el corazón, apasionadamente, tal como lo haría Marco. O él podría haber reaccionado peor que tú. Ya le veo vertido en el altercado feroz”. Y mientras yo, la vasca de la Península Balcánica, confirmaba sus palabras sacudiendo con mi cabeza, mi amiga proseguía: “Por otra parte, Sergi a lo mejor tiene alma de un esloveno. Porque, recuerda que los eslovenos eran los más ricos en los Balcanes, al igual que los catalanes aquí, y de Yugoslavia salieron en paz, reflexionando las cosas fríamente. A ellos les preocupaba conseguir la independencia básicamente por razones económicas. Y parece que el mismo argumento, el del dinero, lo tuvo Sergi.
     Sí que parece que actuó como un verdadero esloveno proveniente de la Península Ibérica, pensé incluso antes de que a Sergi se lo explicara. Con esta comparación él, por supuesto, no estaba de acuerdo.
     ¿De qué manera, en tu opinión, los prejuicios existentes sobre diferentes pueblos influyen en  la imagen que nosotros tenemos de ellos?